Las dificultades

Oso negro

El equipaje: una travesía en solitario exige cargar todo el peso en la misma bicicleta, incluyendo la tienda de campaña, herramientas de reparación de la bici, utensilios para cocinar, elementos de navegación, equipo de comunicaciones etc., además de la ropa, cámaras y cubiertas de repuesto para los neumáticos y un larguísimo etcétera. El peso total del equipaje está estimado en unos 35 kg.

El clima: aunque se desarrolle en verano, la latitud de Alaska hace las condiciones climáticas del lugar sean de por sí bastante duras, con temperaturas entre los -5 y los 5 grados en la North Slope, que serán incluso más bajas al cruzar el Atigun Pass.

La falta de población: en esta región es complicado el abastecimiento y la comunicación. En la última parte de la ruta (385 kms) no existe ningún tipo de servicio donde poder abastecerse de comida o agua. No existe cobertura de teléfono móvil GSM a lo largo de prácticamente toda la ruta, por lo que hay que contar con un equipo telefónico vía satélite como única forma de comunicación con el resto del mundo.

La fauna mayor: Alaska es la región por excelencia del oso pardo. Aunque no son habituales los ataques de estos animales a las personas, hay que guardar siempre una serie de precauciones, especialmente con los lugares en los que se almacena la comida y en los que se cocina. La verdad es que espero no tener que emplear nunca los consejos del Gobierno de Alaska para el caso en el que te encuentras con un oso, aunque a lo largo de toda la ruta será complicado no ver ninguno. En la zona también hay zorros rojos, zorros árticos, alces y caribúes, entre otros muchos animales, aunque estos no suponen ningún peligro.

La fauna menor: en los meses de verano Alaska se llena de mosquitos gigantes, contra los que no funcionan los habituales repelentes de insectos que venden aquí.

tío te lo has montado muy bien

tío, te lo as montado muy bien , para la próxima aventura tendremos que ponernos de acuerdo. Espero que te salga todo perfecto, como lo fue el de Noruega. Un abrazo de el Zapa